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En México, antes de la conquista ya se utilizaba por sus cualidades de colorante a la Grana cochinilla, y además como tributo en las regiones de producción, sus excelentes propiedades de teñido maravillaron a los Españoles a su llegada a México y dieron lugar a una actividad económica millonaria debido a la gran demanda en Europa. 

 En el siglo XVI, en la época de la ocupación Española y conquista de América, los tintes naturales se convirtieron en objetos de marcado interés por Españoles y portugueses. Pese a su importancia, la historia de los tintes americanos ha ocupado relativamente poca atención el la historiografía sobre los procesos de industrialización textil y sobre el arte en Europa, desde la época del renacimiento hasta finales del siglo XVIII, existen tintes como el palo de Brasil, el añil, el palo de Campeche, y la Grana cochinilla.

La Grana por su parte fue fuente de los tintes rojos más profundos y brillantes, lo que determinó que fuera el tinte más caro en el mundo durante tres siglos, por su extraordinaria visibilidad, durabilidad y jerarquía simbólica en los textiles de lujo y en la pintura. Se exportaba y a su vez se reexportaba a la cochinilla, en grandes cantidades de telas teñidas con Grana a otras tierras: Medio Oriente, Asia y África durante varios siglos.

 A mediados del siglo XVI la Grana cochinilla tuvo una gran demanda en Europa como materia prima para pigmentar, y es utilizada por varios centenares de artistas. El alto sobreprecio que las élites europeas estaban dispuestas a pagar por telas teñidas con intensos tintes rojos fue lo que generó el desarrollo de una compleja cadena de materias primas trasatlánticas que se extendió a lo largo de más de 300 años.

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